Convivencia extranjera
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La historia de Gabriela y Alix: hospedar en tiempos de pandemia.

Esta es la historia de Gabriela y Alix. Gabriela es una anfitriona que trabaja con nosotras alquilando su habitación hace más de 2 años. Cuando sus hijos se fueron de su casa, quedaron lo que fueron sus habitaciones vacías y al tiempo, una amiga le contó que trabajaba con nosotras recibiendo huéspedes, y luego de varias charlas se animó a poner en alquiler una de las 3 habitaciones que tenía libres en su casa. 

Primero lo hizo con un poco de miedo, recibir huéspedes en su casa le parecía riesgoso y temía sentirse invadida. Sin embargo su primera experiencia fue maravillosa. Hace más de 2 años recibió a Paula, una estudiante chilena que vino a Buenos Aires a hacer un postgrado. Se quedó solo 6 meses en su casa, pero al día de hoy, siguen hablando y enviandose emails. Luego alquiló su habitación Lucie, una estudiante francesa que solo venía a Buenos Aires 2 meses a conocer y hacer un curso de español. Fue una convivencia armónica, sin conflictos, pero tampoco con demasiada intimidad. Se veían muy poco. 

Empezaba el 2020, y Gabriela empezaba a considerar la opción de alquilar otra más de sus habitaciones, ya que las experiencias habían sido gratas y el ingreso económico la ayudaba mucho. Para esas fechas, febrero del año pasado, ingresaba Alix, una estudiante colombiana, que venía a continuar sus estudios de arquitectura en Buenos Aires. 

No tenemos que agregar que un mes más tarde comenzaba esta historia que tanto conocemos: el covid, la cuarentena, las fronteras cerradas. Alix vió sus planes cambiados, como tantos de nosotros. Gabriela también. De pronto, con un mes de conocerse, empezaron a vivir una cuarentena juntas. Ambas alejadas de sus familias y sus seres queridos. Alix y Gabriela, construyeron juntas un vínculo que las ayudó a atravesar un momento muy difícil. 

Gabriela al principio, como muchos de nuestros anfitriones tuvo mucho miedo: miedo de enfermarse, de salir de su casa. Alix con todos los recaudos necesarios, se encargaba de hacer las compras para las dos, para que Gabriela no saliera de su casa. Gabriela, para devolverle el favor, cocinaba casi todas las noches para las dos, y cenaban juntas mientras hablaban y se iban conociendo. 

Gabriela acompañó a Alix en sus momentos de tristeza y angustia por estar lejos de su familia, por no poder volver a su país, por ver sus proyectos y estudios en pausa. 

Alix le enseñó a Gabriela a usar zoom, para que pudiera hablar con sus hijos y nietos. 

Pasaron sus cumpleaños juntas. 

Cuando se acercaba septiembre, 7 meses después de la llegada de Alix a Buenos Aires, finalmente pudo viajar a su país a ver a su familia. Se despidieron con un poco de tristeza. Habían formado un vínculo hermoso. Se ayudaron y acompañaron en momentos muy difíciles. 

Gabriela no volvió a alquilar su habitación hasta febrero de este año, que Alix volvió a Buenos Aires, apostando a retomar sus estudios y vivir en la ciudad que tanto amaba. 

Hoy Graciela ya alquila una habitación más en su casa, y allí vive ahora con ella y con Alix, Josefina, una chica del interior de Argentina, que vino a Buenos Aires a trabajar, y está con ellas desde abril. 

Gabriela nos contó hace unos días algo que nos maravilló: en mayo, uno de sus hijos, se quedó sin trabajo, y ella, gracias al ingreso de sus dos habitaciones, pudo darle una mano en un momento difícil: “ No saben lo feliz que me hizo sentirme útil y haber podido ayudar a mi hijo en un momento tan complicado. Tengo ya 67 años, y estoy jubilada. Si no hubiera alquilado mis habitaciones, hubiese visto cómo la pasaba mal y no hubiese podido hacer nada”. 

Hoy su hijo ya tiene trabajo nuevamente, y Gabriela se dio cuenta de que alquilar sus habitaciones no solamente le sirvió para poder ayudar a un ser querido, sino que además lo disfruta mucho. “Cuando esto se tranquilice un poco, voy a preparar la tercera habitación para alquilarla”– fue lo último que nos dijo. 

Le preguntamos si tuvo miedo, si siente que tener huéspedes en su casa en este momento le parece arriesgado, y nos respondió esto: “en realidad, cuando ya están en casa, ya se vuelven parte de mi burbuja, es como si mis hijos vivieran conmigo e hicieran su vida, con los cuidados pertinentes, claro. Pero si nos cuidamos y dejamos las cosas claras, no siento que sea más riesgo que ir a hacer las compras.”

Y así, una vez más, aprendemos de ustedes, más de lo que podemos enseñarles nosotras. Gracias por estas historias que nos llenan de emoción. 

Espero que a vos también te haya gustado. Me encantaría que me cuentes qué te pareció.

Si querés alquilar tu habitación, como Gabriela, escribinos y te contamos cómo podés hacer.

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